viernes, 3 de septiembre de 2010

VARÓN Y MUJER

Si uno de los mecanismos de la evolución fue la adaptación al medio y ser inadaptado era ser eliminado, una de las consecuencias de la razón científica y tecnológica ha sido la adaptación del medio al hombre.
Ya no es, simplemente, que si hace calor pongo el frío y si hace frío pongo el calor, ahora ponemos el climatizador y ponemos el ambiente a la temperatura ideal y nos olvidamos del estado del tiempo ahí fuera.

Pero todavía no hemos inventado el climatizador humano, para la convivencia ideal, entre naciones, entre autonomías, en el interior de la familia.
Así surgen las crisis. Demasiado calor o demasiado frío, humano.

Si en matemáticas 2 + 2 = 4, en la convivencia 2 disgustos + 2 disgustos no son 4 disgustos, sino lo que puede llevarte a que te tires por el balcón o que mates al otro.

Históricamente, los varones han copado todo el campo laboral, político, deportivo, militar y religioso. Existía la competitividad masculina.
Pero, de un tiempo a esta parte, la mujer ha salido del arresto y confinamiento domiciliario, ha cambiado la aguja por el lápiz, el taller de costura por la universidad, el papel de ama de casa por un doctorado universitario y se ha puesto a competir con los varones, invadiendo su terreno, hasta ahora en exclusiva.
Hasta en el poder militar está, poco a poco, metiendo la cabeza.
¿No es una mujer nuestra ministra de las fuerzas armadas?.
Pero en lo religioso NO. ¡Con la iglesia hemos topado, amigo Sancho¡. Las monjas, esas mujeres maravillosas y esforzadas, son las limpiadoras de los despachos de los jerarcas eclesiásticos.
El varón ha entrado en crisis. Su propia mujer compite. Y competir tiene como meta ganar. Y está ganando.
El espacio vacante de la casa, hasta ahora terreno acotado de la mujer, ha quedado libre, pero necesita ser ocupado.
El varón ha tenido que, no sólo ayudar, sino compartir y repartir tareas.
E históricamente el varón no ha estado preparado para ello.
El varón ha entrado en crisis.

Si en el deporte sigue mandando y no compitiendo con las mujeres, en lo laboral y en lo político, en el hospital y en la universidad, la mujer está demostrando que nada tiene que envidiar al varón.

Si, históricamente, la única competitividad femenina era en lo sentimental y amoroso, y su meta era conquistar al varón deseado por otras muchas (y cuantas más, mejor), y conseguir el trofeo, hoy las cosas están cambiando.
El objeto de deseo ya no es el semental atlético, sino la persona valiosa. Como ya no es objeto de deseo la “barby” espectacular pero hueca, vacía, sino la mujer valiosa.
El aspecto físico ha dado paso al valor de la persona.
La actividad sexual y el acceso al sexo se han democratizado y son voluntarios.
Con quién va a compartirse la vida, también.
La infidelidad es una traición, porque el compromiso ha sido libre.
La ruptura no es una desgracia sino, muchas veces, una “gracia”, una solución.

El desnudo femenino ha estado aprobado socialmente, desde siempre, no tanto el masculino.
Hoy, junto a coches o colonias, se muestran ambos ejemplares, esbeltos, pero como si fueran accesorios del coche o de la colonia.
Todavía queda un tabú.
Si la mujer puede fingir, desnuda, un orgasmo, el varón no puede hacerlo sin erección.
Todavía queda el tabú del varón en erección.

La mujer ha renunciado al monopolio sentimental femenino, socialmente atribuido históricamente y obligado y, sin dejar de ser sentimental, se ha empadronado en el campo intelectual y el varón no ha tenido más remedio que dejar sitio y hacerse, también, sentimental. En esto también se ha impuesto la democracia.

Si el varón representaba la fuerza y la actividad y la mujer la debilidad, la fragilidad y la pasividad, y esos eran los roles sociales, la mujer ha roto la baraja marcada y quiere jugar, sin ventajas, pero con cartas nuevas.

Si era signo de virilidad la “cana al aire” y la querida y/o la mantenida y la mujer era condescendiente con la conducta del varón, porque eso mismo, para ella, socialmente, era la calificación de “viciosa” y/o puta, hoy los valores morales no dependen ni de la iglesia ni de la sociedad, sino que son las propias personas quienes los aprueban o desaprueban, quienes los marcan.

Si antes “los chicos no lloran” y “en cojera de perro y lágrima de mujer no has de creer”, hoy o todos lloran o aquí no llora ni Dios.
Si antes la mujer era “señora de…”, “madre de…”, “hija de…”… Hoy es Dñª…………, sin relación obligatoria a varón alguno, es autónoma, libre, independiente, capaz.

Todavía hoy podemos ver, en las iglesias, la presencia masiva de mujeres mayores, en los oficios de la tarde, cuyo rol femenino no ha cambiado, pero habrá pocas mujeres jóvenes.
Quedan pocas “beatas” y algún que otro “beato” que…

El varón, que aprendió en la mili a “marcar el paso”, ahora se encuentra con el paso cambiado.
Ha entrado en crisis.
Nadie “lleva ya los pantalones” porque todos (ellos y ellas) los llevan, ya que los pantalones, (¡hasta los pantalones¡) también, se han democratizado y han dejado de ser símbolo de poder.

No hay comentarios:

Publicar un comentario