viernes, 12 de noviembre de 2010

LOS PRE-JUICIOS

Cuando se parte de un principio falso, equivocado, de un prejuicio, las conclusiones pueden y suelen ser disparatadas.
Los lógicos lo expresaban en: “ex vero non sequitur nisi verum, ex falso sequitur quodlibet”. En cristiano, cuando se parte de premisas verdaderas y el razonamiento es correcto la conclusión es verdadera, pero cuando se parte de premisas falsas puede salir cualquier cosa, verdadera o falsa, pero no por necesidad, sino por accidente.

Cuando montamos nuestras teorías sobre un punto de partida falso, suelen salirnos barbaridades.
Como, por ejemplo, cuando identificamos “creyentes islámicos” con “árabes”, es decir cuando identificamos una “religión” con una Raza”. Nos sale lo que nos sale. Barbaridades.

Empecemos desde el principio.

Hasta hace no muchos años existían dos bloques, separados por un telón de acero, que era un muro ideológico, económico, político,… Y todo el resto del mundo estaba más o menos contaminado por uno o por otro, más cerca o más lejos de uno de los dos paraguas, que no podían ni verse y que estaban en guerra continua, aunque sólo fuera “guerra fría”.
Este muro era, según desde donde se mirase, para “que no nos entren aquí” o para “que no salgan de allí”.
La cara y la cruz de la moneda, el otro lado de las cosas, lo que, sociológicamente, se afirma: “no existen los hechos puros, neutros, objetivos, desnudos… sino interpretaciones”.

Pero el comunismo cayó, se diluyó y el muro desapareció. “Fin de la historia” según Fukuyama, triunfo “triunfal” del capitalismo y fin de los conflictos armados.
Pero como “a rey muerto, rey puesto” salieron otros contrincantes, con otros paraguas y prontos y dispuestos a ocupar el espacio vacío, que también rechazaban a Occidente, pero ahora ya no tanto por ideología neocomunista sino, entre otras cosas, por religión, la religión musulmana.

Sin olvidarse, como luego veremos, de las civilizaciones china, japonesa, hindú, ortodoxa, budista, africana y latinoamericana.
Lo cierto es que un nuevo orden mundial ha surgido y está implantándose, tras la caída del muro.

Occidente ha dejado, y más que dejará, de ser el gallito, siempre ganador, de esta pelea, pasando no muchos años.
Por vía demográfica (en el año 2.025 una cuarta parte de la población mundial será musulmana), por vía económica (en el año 2.025 Asia tendrá siete de las grandes potencias económicas) y por vía de militancia terrorista, que herirá (ya lo está haciendo) de muerte a Occidente.

Nosotros, los occidentales, estamos y seguimos estándolo, empeñados en exportar, no sólo productos sino también, y sobre todo, dos de nuestras grandes creaciones, en las que creemos firmemente: nuestro modo democrático de gobernarnos y los Derechos Humanos.
Pero gran parte de esos otros bloques, con sus regímenes políticos, dicen que, como son nuestras dichas creaciones, que, (más o menos) nos quedemos con ellas porque no están muy interesados en el producto y que, en ningún caso son universales. Ellos tienen su modo de gobernarse y su manera de ver los derechos y deberes.

Los conflictos, pues, entre civilizaciones, son inevitables, aunque aquí, en España, andemos poniendo en práctica el “pensamiento Alicia” y la Alianza de Civilizaciones.
A pequeña escala estamos asistiendo, a diario, a esos choques entre grupos de una civilización que emigran a otra distinta.
Que no se nos olvide que “el invento” de la Alianza de Civilizaciones lo inició, (nada más y nada menos) que el presidente de la República Islámica Iraní, cuyo guante recogió mi Presidente del Gobierno, al que se le unió (nada más y nada menos) que el presidente de Turquía y que llegó a la O.N.U. de la mano del neutro Kofi Annán y está la idea vagando por ahí, en un mundo etéreo, porque, en la realidad, los países occidentales, lugares de inmigración, están teniendo problemas con la integración de estos colectivos.

¿Multiculturalismo?. ¿Interculturalismo?. Yo, siempre, he defendido el Supraculturalismo, no por arrogancia, ni por vanidad, ni por complejo de superioridad, sino por considerar que “Los Derechos Humanos”, “La Igualdad” de las personas, sin discriminación por religión, sexo, ideología, raza, lugar de nacimiento, cultura,… y la “Libertad” son unos valores “superiores”, que deben ser universales.

Pero es que, además, estas civilizaciones no son uniformes, sino que en el interior de cada una de ellas hay islas muy separadas, que no se tragan y se odian entre sí.
Dentro de la civilización china, casi no se pueden ver China con Vietnam, China con Taiwan, Corea del Norte con Corea del Sur, Singapur,…
Dentro de la civilización islámica están los kurdos, los turcos, los árabes, los iraníes, los pakistaníes, Indonesia,… ¿en qué coinciden?, ¿en qué se parecen?.
Incluso entre sectas musulmanas: sunníes, shiíes, sufíes,… no pueden formar grupos uniformes.
Incluso en nuestra civilización occidental existen diferencias entre católicos versus protestantes, anglosajones versus latinos, británicos versus continentales, nórdicos versus mediterráneos,…
¿No surgieron, entre nosotros, las guerras de religión?. Las dos guerras mundiales ¿no forman parte de la historia de nuestra civilización?.

Si no hay alianzas ni dentro de los sectores o grupos diferenciados que conforman una civilización, sino odio y exterminio, ¿pueden darse entre civilizaciones distintas?.

El concepto “Islam” no es un concepto unívoco. ¿En qué se parece un agricultor de arroz indonesio y un afroamericano del Bronx neoyorkino que, por razones políticas, se ha convertido al Islam o con un granadino que “ha visto la luz” en la universidad?.

Son los otros, los de la otra civilización, los que unifican y meten en el mismo saco a las distintas partes, diferenciadas entre sí.

No nos acostumbramos a distinguir entre “islámicos” e “islamistas”, como si todos fueran lo mismo. Como si un cristiano militante, un misionero en África, un Kiko, un legionario de Cristo y uno del Opus Dei, por el hecho de ser católicos, fueran lo mismo, al meterlos en el mismo saco de “católicos”.

Las Torres Gemelas, los trenes de cercanías madrileños, el metro de Londres,…. ¿islámicos o islamistas?.
¡Es tan cómodo unificar al enemigo¡.

¿Quiere la civilización islámica acabar con la civilización occidental? ¿Quiénes? ¿Todos?. Pero si ¡ni entre ellos se parecen¡.
¿Todos los “islámicos” son “islamistas” que califican de “enemigos a aniquilar a los no como ellos?

Y nosotros, los occidentales, ¿somos los buenos de esta película?. ¿Nosotros, los demócratas, los liberales, los humanitarios,…¿cuánta triste historia, que nos pesa, tenemos a nuestra espalda?.

¿Por qué juzgamos como incompatibles conceptos tales como “islamismo”, “democracia”, “modernidad”, “libertad”, “Derechos Humanos”,…

¿Por qué identificamos, generalmente, “Islam” con “árabe”, cuando uno es una religión y otro una raza?. El mayor estado musulmán es Indonesia, que no es árabe.
Dubay y Abu Dhabi ¿ son menos modernos que muchas de las naciones europeas?.

¿Qué decir de la influencia de la religión en los presidentes de los Estados Unidos?.

Si los creyentes del Islam están “retrasados”, como está instalado en el imaginario popular, ¿lo está AlQaeda?

¿Alianza o choque?.
¿Choque o alianza de civilizaciones?
¿De todas las civilizaciones?.

Me gustaría que….¿va a acoplarse la realidad a mis deseos?.

¡Oh Alá¡

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