miércoles, 24 de febrero de 2016

LA MUJER EN LA HISTORIA (5) REPRESIÓN Y MEMORIA



REPRESIÓN

La mujer alemana, por encima de ancianos y niños, fue la parte de la sociedad que más sufrió con la derrota del Reich ante los Aliados y especialmente los soviéticos desde el este.

Muy a su pesar, porque la inmensa mayoría habían vivido en un régimen dictatorial y represivo, degradando su condición de ser humano.
Los nuevos “liberadores” soviéticos, llenos de rabia y odio ante las atrocidades cometidas por los alemanes anteriormente, tuvieron una sistemática política de violaciones y asesinatos de mujeres como eje de su actuación, la mayor parte de las veces aceptadas por los superiores, impotentes para impedir semejantes prácticas.

Las riadas de desplazados del frente, mujeres, ancianos, niños, soldados derrotados contemplaban con pánico la llegada de los rusos y trataban de pasar al lado controlado por los Aliados.
Con la definitiva finalización del conflicto, las minorías de población alemana en otros países como Polonia, Rumania, Ucrania o Checoslovaquia sufrirán el hostigamiento del resto, con muchas cuentas pendientes de saldar.

De nuevo las mujeres serán las víctimas preferidas de los exaltados.

Igual ocurrirá en el caso de las colaboracionistas: ante los ojos de la sociedad las mujeres que congeniaron con los nazis eran culpables y sufrieron las consecuencias en forma de ejecución o humillaciones públicas (como las de raparles el pelo al cero y expulsarlas de sus casas en Francia).
Sin embargo, estas represalias fueron injustas para aquellas mujeres que habían tenido que convivir con los alemanes por una mera cuestión de supervivencia.

RECUERDO.

 Miles de mujeres supervivientes del horror nazi quedaron permanentemente traumatizadas ante la experiencia vivida.
Sus relatos nos han llegado en forma de biografías, memorias, investigaciones o documentales.
Muchas tuvieron que reiniciar su vida tras haber perdido a toda su familia (padres, maridos, hijos, etc…), otras sufrieron las secuelas de los maltratos recibidos y jamás se recuperarían.
Muchas de ellas ya no podrían ser madres nunca, debido a los experimentos atroces efectuados, políticas de esterilización o las torturas recibidas.

Se descubren o reeditan diarios y escritos de víctimas.
El más famoso de ellos el diario de una joven judía asesinada en Bergen-Belsen: ANA FRANK (1929-1945), cuya emotividad y recreación de una vida escondida de la persecución ha llegado a los corazones de medio mundo.

Hubo también mujeres que se dedicaron a reflexionar sobre aquellos acontecimientos e incluso fueron autoridad importante a la hora de investigar y comprender la magnitud de lo que supuso el Holocausto, sus consecuencias y el carácter de víctimas y verdugos.
Tal es el caso especialmente de Hannah Arendt.

HANNAH ARENDT (1906-1975) fue una de las principales filósofas del siglo XX, pensadora y divulgadora de los estudios del Holocausto, del que ella misma se salvó al huir de Alemania en 1933 tras pasar un mes encarcelada por su condición de estudiante judía.
En 1951 se nacionalizó estadounidense, siendo por lo tanto apátrida durante casi veinte años (la Alemania nazi quitaba la ciudadanía a los judíos). Sus estudios sobre el totalitarismo y en general la filosofía existencial son manuales de cabecera hoy día.
Como fundamental también es su colección de artículos sobre el juicio a Adolf Eichmann en Israel (1961), al que asistió como reportera, reunidos en el volumen Eichamnn en Jerusalén.
En esta obra defiende lo que llama “la banalidad del mal”, posición atacada por otros pensadores e investigadores sobre el Holocausto.
Fue muy crítica también con el papel jugado por los propios judíos durante el Holocausto, en especial los consejos judíos de los guetos al servicio de los amos alemanes.
Escribió un gran número de ensayos filosóficos que giraron en torno al antisemitismo, la violencia o lo que constituye una democracia en una sociedad de masas. Ensayos todavía muy actuales.
Una película reciente (“Hannah Arendt”, dirigida por Margarthe Von Trotta, 2012) indaga en la vida de Arendt en los años sesenta, cuando asistió y reflexionó sobre el juicio a Eichmann



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