sábado, 19 de agosto de 2017

SANTO TOMÁS DE AQUINO: LA SEXUALIDAD Y LA MUJER (Y 5)


Todos sabemos, por Historia de la Ciencia que hubo que esperar hasta 1672 para que el anatomista holandés, Regnier de Graaf, descubriera la existencia de los óvulos y su participación en el proceso reproductivo de los mamíferos, gracias a la invención, a inicios del S. XVII, del microscopio.

Hasta esa época (400 años después de que vivió Santo Tomás) los únicos hechos claros acerca de la reproducción humana eran la necesidad del acto sexual, el aporte masculino, y la interrupción de los ciclos menstruales cuando se producía un embarazo y, en cambio, el proceso generativo de las plantas era ampliamente conocido.

En este contexto, no es de extrañar que la forma más natural de explicar la generación se sirviera de la agricultura, y así entendieran que, para producir un nuevo ser humano, la semilla (“semen-seminis” y de ahí semen) del hombre debía encontrar un “suelo fértil” en el cuerpo de la mujer.

Esta especulación seguramente se veía confirmada porque algunos flujos menstruales presentaban color similar a ciertos limos, que a su vez resultan ser muy fértiles para las plantas.

De ahí también que se hable del hombre como “potencia activa” en el proceso.

Con esta idea en mente volvamos a repasar el párrafo, cuando dice:

“Porque la potencia activa que reside en el semen del varón tiende a producir algo semejante a sí mismo en el género masculino”.

La lógica es bien sencilla: si planto una pepita de manzana, me sale un manzano; si un hueso de naranja, un naranjo; si un hueso de aceituna, un olivo; y si una semilla de hombre, un hombre. 

Pero a veces nace una mujer (de hecho la mayoría de las veces, pero los antiguos no tenían forma de saberlo, porque las mataban- afirma el defensor del Tomas de Aquino)

¿Qué ocurrió, para ello si, teniendo que nacer “varón”, nació “mujer”? 

La respuesta que ellos daban es que hubo un fallo, un defecto en el proceso y por eso no resultó un varón, sino una mujer.

O dicho de otro modo:

Que nazca mujer se debe a la debilidad de la potencia activa, o bien a la mala disposición de la materia, o también a algún cambio producido por un agente extrínseco, por ejemplo los vientos australes, que son húmedos.

Esta sería una conclusión científica, de la ciencia del S. XIII, pero ciencia al fin y al cabo.
Entonces, lo que hace el santo al reproducirla, no es emitir una opinión religiosa, sino enunciar un hecho científico errado.

No está demás recordar que seguidamente, Santo Tomás repudia que esta conclusión científica tenga aplicación ante los ojos de Dios, cuando agrega:

“Pero si consideramos a la mujer en relación con toda la naturaleza, no es algo ocasional, sino algo establecido por la naturaleza para la generación”.

¿Esa no era la otra versión del Génesis, la de que no la “creó” (como afirma la primera versión: “Dios creó al hombre: Varón y hembra los creó”) sino que la extrajo de la costilla para consuelo del varón, como ayuda, como instrumento “para la generación”, “hecha para parir”?
Pero no en pie de igualdad.

Y el autor, tomista convencido, recomienda a los creyentes que no se “casen”, nunca, con la ciencia, ni siquiera la de nuestra época, ni con la “Eva mitocondrial”, ni con el big bang como el momento de la creación “porque los científicos pueden cambiar de opinión mañana”

Y mi pregunta es: ¿“cuando se recurre a una autoridad (la de Aristóteles, del siglo IV a. C) que avala la postura de un autor (siglo XIII d. C) no es porque, se supone, que está de acuerdo con dicha autoridad”?

Santo Tomás tiene un concepto negativo de la mujer, inferior en comparación con el varón, es un “complemento”, nada que ver con el “substantivo”, del varón, de categoría superior.

Se da por supuesto que el “semen (la semilla) masculino” es bueno y si falla lo nacido es por la mala disposición de la tierra en que ese semen se siembra.

Tiene que ser la mujer la responsable y la culpable del desaguisado (nacer mujer era un “error” de la naturaleza, nada que ver con ser nacer varón y, en este caso el varón padre se refleja y se prolonga en el varón hijo, pero si nace mujer, al ser inferior al varón, la responsable y culpable será la mujer, y la hija, inferior, será el reflejo y la prolongación de la madre, mujer.

¿Recuerdan la parábola del sembrador?

“Salió el sembrador a sembrar y una parte cayó en terreno pedregoso….otra parte en terreno…pero la que cayó en terreno apropiado produjo el 100 x 1…”

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