domingo, 15 de octubre de 2017

EL MARQUÉS DE SADE: UNA VIDA DE AVENTURAS (1)



Son varias las obras en que el Marqués se explaya sobre el sexo.

Una de ellas es “Justine o los infortunios de la virtud”.
Narra la historia de Justine, una adolescente que lucha por preservar su inocencia pero sólo se encuentra con incitaciones al vicio.
El marqués de Sade refleja en esta obra su misantropía, haciendo una crítica de la sociedad de la época.

Continuación de ella es “Juliette o las prosperidades del vicio”.

Juliette y Justine se quedaron huérfanas cuando eran adolescentes y se fueron a vivir a un convento, donde estuvieron expuestas a distintas prácticas sexuales.

Al salir, cada una tomó caminos diferentes. Juliette se decantó por la perversión, el vicio y el dinero. Se puso a trabajar en un burdel, convirtiéndose en la favorita de los hombres de la alta sociedad.

“¿Qué mal hago a nadie, ni ofensa alguna, si le pido a una bella mujer, la parte de su cuerpo que me pueda hacer gozar, darme placer y así ella pueda gozar con alguna parte de mi cuerpo.?” – Dice el Marqués de Sade-.

El Marqués fue víctima, más por la eterna falsa moralidad social, que por sus actos u obras. 

Donatien Alphonse François, más conocido como el Marqués de Sade nace en 1740.

Indiscutiblemente es uno de los franceses más famosos de la historia de Francia, quizá más que el propio Napoleón.

Sade, nos dice que “el deseo de poder, mezclado con sexo y arrogancia, puede ser tan destructivo, como placentero o real y que está ahí, frente a nosotros. La vecina que miras en el ascensor, el banquero al que le “confías” tu dinero o el maestro que te sonríe al darte tu examen”

A pocos en la historia se recuerda por sus actos y ponen un nombre a raíz del suyo, “sadismo”.
Esto sólo ha pasado con personajes dictatoriales y en la religión, pero él consiguió que lo hicieran, más que por sus actos, por contar lo que a muchos les gusta, desean y hacen, pero que no lo dicen.

Hacer daño y buscar placer así, hoy se llama “Sado” en múltiples países del mundo.

Sus libros, hasta hace poco más de 50 años, estaban prohibidos.
La iglesia, los políticos, organizaciones varias, o la misma ley, no pudieron encerrar ni destruir su recuerdo.
Cuando su obra ha sido perseguida durante más de 150 años y ha seguido de forma clandestina…algo de razón debía de llevar.

Incluso, hace unos años, Corea del Sur lo censuraba por obscenidad extrema.
Dice que es por actos de “sadismo”, “zoofilia”, “incesto” o “necrofilia”.

Muchas de sus obras acabaron siendo pasto de las llamas, otras fueron tiradas al río y aún más de ellas desaparecidas, sin ser destruidas.
Poco a poco, muchas de ellas fueron apareciendo, algo a destacar, cuando se supone que los que las cogieron era para deshacerse de ellas.

Todo ello no sirvió, más que para querer saber qué escribía aquel chalado, endemoniado.

Desde la edad más antigua, en todas las culturas, se tiene constancia de la importancia del sexo en todas sus formas, desde los griegos a los romanos, de los hindúes hasta los egipcios. 
Sade no contó más que lo que siempre ha habido, hay y habrá.
Más aún, cuando el poder de quien lo ejerce es ilimitado.
Dictadores, policías o políticos corruptos, reyes, un padre pederasta o simplemente el señorito hacia su bella servidumbre, cuando el pago era un plato de comida. 

Se cree, que de joven sus ojos eran claros, su pelo rubio, sus movimientos medidos y su voz embelesaba, cautivaba a toda fémina que se encontrara a su lado. Hasta el día de hoy dura esa frase, de que “quien es afeminado, siempre de mujeres está rodeado” o, también, “quien es afeminado, siempre de mujeres está rodeado”.

La verdad, es que por la vida que tuvo, durante roda ella fue un hombre obeso, que se asfixiaba al caminar, de poco pelo y de gran nariz, pero incluso así, siempre estuvo rodeado de doncellas, de las que hoy sabemos y otras que se imaginan, como su propia cuñada monja. 
Quizá por ello, por su forma física, sus narraciones están plagadas de antihéroes y ateos que no obedecen a religión alguna.

Destaca el presente, el aquí y ahora, sin pensar en un Edén o en el mañana. 

Escribió ensayos, novelas, teatro o poesía. En muchos de ellos abunda el humor negro y críticas a su entorno, lo que le ayudó mucho a hacerse toda clase de enemistades.

Entre sus escritos, es digno destacar un manifiesto contra la pena de muerte. 

Su obra ha sido descrita como apología del crimen.

Quizá nunca nadie ha hablado con tanta claridad, crueldad o violencia y sólo quizá, por ello, sólo se hable de Sade. 

Siempre tuvo una conducta de excesos en todos los sentidos.
La filosofía, el sexo, la cárcel y la escritura fueron toda su vida.

Por su manera de querer sentir y su inmoralidad siempre estuvo envuelto en escándalos que lo llevaron 27 años, de sus 74 de existencia, a estar tras las rejas o recluido en manicomios. 

Al morir, se le conocía como el infame, y su novela “Justine” aunque retirada y prohibida, fue leída y pasada entre unos y otros secretamente.
El asco que podía dar a quien lo leía, o la curiosidad, o el deseo de poder hacerlo. No hizo más que aumentar la fama de éste demente libertino, como también lo llamaron.
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Se cuenta de él, que a veces drogaba a sus comensales para poder así quitarse la ropa de la vergüenza y dar rienda suelta a sus pasiones.
Tras drogarlas, algunas mujeres gritaban, otras se arrastraban por el suelo gimiendo, otras, se tocaban íntimamente, por el calor que de ellas salía, las más se desnudaban y desnudaban a otras.
Todas, suspiraban y gemían de placer, sabiendo y queriendo el gozo que estaba por llegar. 

“Cada actor de una obra dramática debe hablar el lenguaje establecido por el carácter que representa; que entonces es el personaje quien habla y no el autor, y que es lo más normal del mundo, en ese caso, que ese personaje, absolutamente inspirado por su papel, diga cosas completamente contrarias a lo que dice el autor cuando es él mismo quien habla” –dice el Marqués de Sade.

Abandonado por su madre a los 7 años, desde muy niño, entra en un colegio jesuita, con su tío, un abad, de nombre Amblet y de vida poco edificante.

 Le interesa la lectura, sobre todo historia, aventuras y filosofía.
Aprende música, esgrima, escultura, danza, escritura….

Cuando aún no tiene 14 años, entra en el ejército y crece notablemente como persona y rápidamente de graduación.
A los 16, ya toma parte de la guerra contra los ingleses. 
Pasan unos años y en 1762 se casa por conveniencia, sin estar presente el amor con una aristócrata, Renèe-Pélagie Cordier y con ella llegó a tener tres hijos.

Al principio no quería ni verla, siempre creyó en el amor verdadero y esto con ella nunca ocurrió, pero Renèe, siempre defendiéndole se ganó a pulso las palabras que alguna vez Sade le dedicara: “Te amaré hasta la tumba”.

Aunque, como el mismo Marqués decía: “Tengo el pequeño defecto de desear demasiado a las mujeres.” 

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