lunes, 25 de diciembre de 2017

12 LA MUJER TRABAJADORA: DE PROFESIÓN "SUS LABORES"

¿PROFESIÓN?: SUS LABORES.

Durante gran parte de mi vida ha sido una cantinela que, cuando para cualquier trámite, se le preguntaba a la mujer por su profesión, respondiera: “sus labores”, lo que era una confesión no de que no trabajara sino que su trabajo era el doméstico: convertir la casa en un hogar, cuidar del marido (y muchas veces de los padres o suegros), de los hijos, comprar, cocinar, barrer, fregar, bañar, lavar, planchar, limpiar el polvo,...(y demás).
No trabajaba fuera de casa, pero las horas y el cansancio del trabajo en la casa era agotador.

En el Siglo XIX ya Engels había lanzado la idea de que en la familia tradicional (la habitual en España hasta ayer mismo) el marido representaba la burguesía (la que trabajaba en la calle, haciendo negocios y ganaba dinero) y la esposa representaba al proletariado (el que trabajaba de sol a sol y por salarios mínimos, según la entonces vigente: “Ley de bronce de los salarios” que tan claramente había expresado LaSalle: “salarios que repongan la energía gastada en el trabajo fabril”.

Tanto has gastado, tanto te pago para que compres los alimentos necesarios para reponer fuerzas, darte más o darte menos sería una injusticia, que los dos platillos de la balanza: lo que das (energía consumida en el trabajo) y lo que recibes (salario para comprar lo necesario para reponer las energías gastadas)

La mujer moderna (muchas de ellas) se ha incorporado al trabajo fuera de casa, para recibir, en un trabajo de peor calidad y con menor salario que el del varón, y, además, cuando llega a casa, comienza, desarrolla y termina el otro trabajo (aunque, últimamente, algunos maridos “ayudan” y otros, menos, “comparten” dicho trabajo).

Con mucho retraso la mujer española se ha incorporado al trabajo, fuera del hogar, en comparación con otras naciones europeas (durante el franquismo no más de un 26% de las mujeres no-solteras realizaban un trabajo fuera del hogar, entre otras causas porque los horarios laborales eran irregulares, de exclusividad, nocturnos, fines de semana, con empleos de tiempo parcial, competitividad extremada, controles de eficacia fríos y, a veces, cínicos, imposibilidad de permisos o de vacaciones,….lo que lo hacía incompatible con el trabajo de la casa, hijos,…

Como los trabajos femeninos estaban mal pagados había un cambio continuo de personal, lo que disminuía las posibilidades de promoción.

La mujer era, en el sector sanitario, sobre todo, enfermera, limpiadora, cuidadora,…pero no médica, y en el sector de la enseñanza sobre todo en la educación infantil y en guarderías (casi con exclusividad).

“Mi seño” era la expresión que muy a menudo se le oía al niño cuando, por la calle, iba de la mano de su madre a cualquier cosa.

A la mujer se la contrata por sus virtudes de sacrificio, obediencia, religiosidad, dulzura, cariño, espíritu maternal, belleza,…pero no por sus conocimientos técnicos, como explotando el concepto del “instinto de maternidad”.

Los trabajos femeninos, tanto en el sector sanitario como en el educativo, reproducen las funciones femeninas tradicionales: alimentación, cuidado, educación, limpieza, cocina, entretenimiento,…como una extensión lógica del propio hogar familiar.

Aunque la mayoría de la población activa sanitaria era femenina, no menos del 80% eran médicos varones.
En la enseñanza, naturalmente, las escuelas de niñas eran en exclusiva de las maestras, como las de los niños eran de los maestros.
No sólo separación de sexos entre alumnado, también entre el profesorado.

La dificultad de combinar el papel de mujer-profesional con el de mujer-ama-de-casa es lo que ha dificultado que incluso mujeres con titulación universitaria no accedan a puestos de categoría acorde con su titulación.

Veterinarias, médicas, enfermeras-practicantas (el 85%), matronas (hasta el 100%), farmacéuticas, odontólogas, maestras, asistentas sociales…ha ido incrementándose, siendo las pediatras las de mayor índice.

Incluso hoy a las enfermeras se las considera, entre los usuarios, como “médicos de segunda fila”, inferiores, pero con un conocimiento del mismo tipo, aunque menor, pero no distinto.

De la enfermera-monja (tan común durante siglos), por motivos religiosos, se ha pasado a la enfermera-profesional, pero que, durante mucho tiempo, se justificaba por una “idea caritativa” (satisfacción de ayudar a un ser humano, como extensión de ayudar a otro hijo suyo).

Del personal religioso en los hospitales, en al año 1.963, el 59% carecía de cualquier título universitario (se daba por asegurado que su celo riguroso y caritativo supliría su deficiencia de formación).

Hasta no hace tanto tiempo se les denominaba A.T.S. (Ayudantes Técnicos Sanitarios) a pesar de que, ya entonces el 80% eran mujeres.

España es un país atípico, con más médicos que enfermeras, con concentración urbana y escasa asistencia sanitaria rural.

Enfermeras y médicos se distribuyen de manera similar, siguiendo una pauta de norte (más numerosos, excepto en Galicia) a sur (mayor escasez, exceptuando Sevilla, Málaga y Granada).

La existencia de Hospitales y Universidades son focos de atracción.

Y si hay más enfermeras en el Norte que en el Sur, las matronas abundan más en el Sur que en el Norte.

Las matronas o comadronas es una ocupación en decadencia debido al desarrollo de la Tocología.

Todavía estamos en una cultura que es hostil al desarrollo de la mujer a alto nivel, aunque poco a poco va en aumento el índice, pero cuesta.

Donde prima el índice de mujeres es en Farmacia.

La mayoría de las médicas trabajan por cuenta ajena, en hospitales, ambulatorios o centros de salud y ocupando pocos puestos de responsabilidad, reproduciendo la dependencia institucional del varón, siendo pocas las que se dedican a la práctica privada o a la cirugía.

Abro la Guía médica de mi Compañía de Seguros y la mayoría son varones.

En los centros sanitarios (siempre con las debidas excepciones) no suele promocionarse a las mujeres, y se les reserva el trabajo más rutinario, ancillar, y de menor responsabilidad.


La incorporación de la mujer como odontólogas ha sido muy reciente.

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