jueves, 22 de febrero de 2018

38.- ¿MIEDO A LA VEJEZ?. LA MUERTE (y 2)


¡Cuánto deberíamos aprender de los animales moribundos, que se apartan de la manada y, en soledad, se dejan morir, tranquilamente, dejando y permitiendo que la manada siga adelante con la vida¡

Aquí no.

Rodeado de muchos, llorando, hablando, fumando en el pasillo, dándole ánimos a un exánime.
¡Absurda situación¡ en vez de recogerse, concentrarse, rezar, entrar en comunicación con lo trascendente, en paz, en silencio, agarrando esa mano invisible.

Y no que intentan distraerlo con mentiras piadosas, como si al ser piadosas ya no fueran mentiras, molestándolo, descolocándolo.

Yo creo que el moribundo, al cerrar los ojos, lo hace más por aislarse del mundo familiar que por otra cosa.
En esos momentos finales, cuando más debería ser respetado, menos lo hacemos, entrometiéndonos.

¿Qué es, realmente, la muerte para el que se muere?
¿Es el final?
¿Es el principio de no se sabe qué?

La INCERTIDUMBRE es lo que martiriza, pero es la que deja una puerta abierta.

Ni el creyente crédulo, ni el ateo recalcitrante lo tienen tan difícil como el hombre normal, como tú y como yo, que dudamos, tenemos esperanzas, sospechamos, deseamos, pero a los que nos falta la firme creencia de que sí o de que no.

Tú y yo somos compañeros del “quizás”.

¿Datos fiables del más allá? Absolutamente ninguno. Ningún rastro. Sólo deseos de que sí.

Intuiciones, emociones, sospechas, anhelos,… muchísimos.
Datos objetivos, absolutamente ninguno.

¿Será el final?
¿Será pasar a otra dimensión?
¿Es llegar al límite de un camino para empalmar con otro que te lleve a otra vida distinta y superior?
¿Es chocar con el muro final y estrellarte contra él cayéndote muerto y que otros recojan tus restos?

Todo es posible, nada es seguro.

Cuando queda muy poco de más acá es cuando los de aquí más ruido hacen entorpeciendo la posible llegada del más allá al moribundo.
Todo su cerebro poblado de vivencias pasadas, de recuerdos entremezclados que llegan en tropel.
Respetemos que el moribundo se recluya en sí mismo, disfrutándolos.

Entre el nacimiento y la muerte media la vida que empieza a ser y que, ahora, está acabando de ser.

Muchas veces me he preguntado por qué se alegra tanto la gente de la vida futura, que aún no es, que no se sabe cómo va a ser, si va a ser y no se va a ver truncada, que sea posiblemente peligrosa,…..y no alegrarse de que el moribundo se abrace a su vida ya vivida y pasada, con sus intensas y recordadas emociones.

¿Pensar en castigos eternos en el más allá?

Pero… ¿a qué mente calenturienta se le puede haber ocurrido semejante insensatez?

A mis nietecillos, cuando algo hacen mal, se los chantajea con que el hada mala se llevará su juguete preferido o le dará un coscorrón contra la esquina de la mesa (y se lo recordarán cuando esto ocurra).
Luego llegará el hada buena a restituirle lo robado.

Tu, también, amigo que estos escuchas o lees ¿sigues creyendo en las hadas?

Si “el hombre es malo”, como dijo aquel filósofo, “los hombres son buenos”, digo yo.

Quedémonos con esa imagen del moribundo, una buena persona que se está despidiendo, respetémoslo.

No hay moribundo malo.


miércoles, 21 de febrero de 2018

38.- ¿MIEDO A LA VEJEZ? LA MUERTE (1)


LA MUERTE 

La muerte para el viejo no es como la muerte para el joven.
Mientras éste la ve como un fracaso injusto, que le arrebata un derecho (el joven cree que tiene todos los derechos del mundo para vivir y seguir viviendo), el derecho a la existencia física.

Lees las necrológicas y ves que uno ha fallecido con 90 años y dices “¿qué iba a esperarse ya?, lo normal”; si el fallecido tiene 66 piensas “¡qué poco ha disfrutado de la jubilación¡”; si tiene 50 tu comentario es “¡qué pena, pero ¡bueno¡”. Ahora como tenga 25 “¡qué desgracia, con toda la vida por delante¡”, como si no hubiera árboles de hoja perenne y árboles de hoja caduca, como si no hubiera flores que sólo duran un día y flores que aguantan más.

Tener 90 no es motivo para morirse (podría seguir hasta los 105), como tener 25 no es motivo para matarse en cualquier fin de semana en moto o en coche pero con alcohol. Ninguna de las dos muertes es necesaria.

Yo no sé si cuando los curas hablan del más allá, de esa manera trágica y tétrica, de castigos eternos y de fuego que no se consume, se lo creen ellos mismos o es, más bien, un arma que tienen en sus manos para, entrando y saliendo en las conciencias de los hombres, seguir sometiendo a vasallaje a los vivos que les escuchan.

¿Uds. creen que será una realidad real o es sólo un medio dialéctico para seguir detentando el poder?

¿No es el “coco” de los niños un arma en mano de los padres?

“¿Y ya qué pinto yo en este mundo?”, solía repetirme mi padre muchas veces, últimamente.
Yo creía animarlo y convencerlo al decirle “hay que seguir vivo todo el tiempo posible” y quería hacerle ver que la vida es un fin en sí mismo.
Pero mi padre entendía la vida como felicidad y a él ya le dolía todo y le fallaban ya muchas de sus facultades y no era feliz. ¡Quién lo vio y quién lo ve¡
¡Con lo que el fue y lo que era entonces¡

¿Sin calidad de vida merece la pena la vida?
Cuando te falla la capacidad de moverte, y la vista y el oído se van apagando a diario, sin interés por la radio ni la TV ni la conversación, obligatoriamente encerrado en sí mismo, ensimismado, moviendo los labios no sé si rezando o musitando recuerdos de tiempos mejores, con la vista perdida, sin control de orina y de…

¿Eso es vida?

Yo comprendía el deseo de una persona en esas circunstancias: “que me recoja pronto el Señor”.

La muerte para una persona así siempre será un descanso.

Una persona, así, se limitará a cerrar los ojos definitivamente, a sellarlos para no tener que abrirlos a la mañana siguiente y seguir sufriendo, cuesta abajo, sin freno y con movimiento uniformemente acelerado.

Quizás el mayor sufrimiento del moribundo sea ver y oír llorar a los familiares a su alrededor antes de morir definitivamente, cuando, para todos (también para él) el morirse es ya lo mejor.

Es incómodo morir así, pero ¿hay otra forma mejor?).

Ya no digo nada cuando la medicina inicia una pugna encarnizada en la carne del moribundo para intentar mantenerlo en vida, sea la que sea, a toda costa.

¿Qué mejor que morir con los ojos abiertos, sin gente alrededor, despidiéndose del reloj, compañero de tantas horas y testigo durante tantos años, con la luz entrando por la ventana, apretando las pastas del último libro que estaba leyendo….?.

Plácidamente, serenamente, morirse yéndose, como paseando, sin alaridos ni alharacas, despidiéndose,…

¡Cuánto deberíamos aprender de los animales moribundos, que se apartan de la manada y, en soledad, se dejan morir, tranquilamente, dejando y permitiendo que la manada siga adelante con la vida¡

Aquí no.

martes, 20 de febrero de 2018

37;. ¿MIEDO A LA VEJEZ? LA RELIGIOSIDAD DEL VIEJO



  LA RELIGIOSIDAD

El hombre perdió el paraíso, como hemos afirmado más arriba, al usar perversamente la razón para escalar el cielo.

El viejo nunca es un blasfemo. Ha temido demasiado a Dios para tener ahora que ofenderlo.

El más allá no es, para él, un problema sino una estación más de la vida, una meta sencilla y cercana.

El viejo es religioso, pero no se siente “Iglesia”, sino “iglesia” pueblo de Dios. La Iglesia es y representa el poder y él abomina del poder.

Un viejo con poder y aferrado al poder es un esperpento de persona y resulta perverso.

La religiosidad del viejo es una religiosidad de corazón, no necesariamente de Iglesia.
Demasiado le ha amenazado la Iglesia con las penas eternas del infierno en la otra vida, como para seguir encadenado a sus amenazadores.

La religiosidad del viejo no es del cumpli-miento (cumplo y miento), sino una religiosidad íntima, de corazón, no liturgista, sino sentida, vivenciada.

El anciano calla y mira.
Reza en  silencio profundo, sin oraciones canónicas, oraciones muertas, peticiones ininteligibles (perdona nuestras deudas como nosotros perdonamos a nuestros deudores). ¿Qué son las deudas?, ¿las hipotecas?
¿Te las va a perdonar Dios, si tú a quien se las debes es al del banco de la esquina?
¿Y tú perdonas lo que se te debe?
Ya sé que ahora lo han cambiado por “ofensas”

El viejo no trata a Dios de Señor sino de tú, y le guiña pidiéndole cualquier cosa y paseando o sentado en un banco o cuando levanta la vista de la prensa gratuita o cuando ve jugar a un niño y recuerda, con añoranza, su niñez.
Cumple el mandato de Jesús, de no tener que ir al templo para hablar con Dios.
Aquí, directamente, sin intermediarios, es más barato y más fresco el producto, de tú a Tú, como un hijo con su padre y no como un súbdito con su señor.

Habla poco de “religión” porque en él hay mucho de “religiosidad”, siente más que razona, porque todo en él es religioso, no eclesiástico.

Es religioso como estar vivo.
Siempre ve un final feliz.
A él, de esperarle algo, le espera la gloria, se lo merece, méritos tiene acumulados, siente esa seguridad interna y que nadie intente removérsela.
Es palabra viva, sin catecismo (éste es letra escrita, lo otro es vida íntima y no suelen coincidir).

La existencia no es, para él, amenazante, ni llena de violencia.
Él ha sido luchador, rival, contrincante, pero nunca enemigo.

El fuego eterno, si existe, no está hecho para él (¡hay que ver lo que le ha tocado vivir en este mundo como para que en el otro, si existe, encima, le toque sufrir eternamente con los sufrimientos temporales que ha soportado en éste¡)

El viejo alimenta esperanzas.

Entrar, hoy en una iglesia, durante un acto religioso es ver a viejos, sólo a viejos (sobre todo viejas) y quizá a algún niño de catequesis en preparación para la primera comunión.

Ya mismo, ahora mismo, las iglesias van a ser lo que Alberti ya presagiaba:

Entro, Señor, en tus iglesias... Dime,
si tienes voz, ¿por qué siempre vacías?
Te lo pregunto por si no sabías
que ya a muy pocos tu Pasión redime.

Respóndeme, Señor, si te deprime
decirme lo que a nadie le dirías:
si entre las sombras de esas naves frías
tu corazón anonadado gime.

Confiésalo, Señor. Solo tus fieles
hoy soy esos anónimos tropeles
que en todo ven una lección de arte.

Miran acá, miran allá, asombrados,
ángeles, puertas, cúpulas, dorados...
Y no te encuentran por ninguna parte.

lunes, 19 de febrero de 2018

36.- ¿MIEDO A LA VEJEZ? LA TACAÑERÍA DEL ABUELO ( y 2)



Para el viejo el dinero no es dinero que pueda invertirse para que para (de “parir”) más dinero, sino símbolo de dos cosas:

1.- Símbolo del “salario”, ese intercambio del “yo te doy “mi” tiempo/tú me das “un” jornal”, de lo que es propio del que trabaja y que gana dinero (él ya lo tiene sin tener que trabajar).

2.- Que sólo así su posible soledad futura nunca será, definitivamente, un elemento perturbador ya hoy y puede convertirla o sustituirla por un paraíso de tranquilidad, ajena a la perturbación.

Ese celo por tener guardado el dinero (en otros tiempos bajo la baldosa o en el colchón o en el calcetín) no es ni avaricia ni tacañería sino un símbolo de poder, es la carta que siempre esconde bajo la manga, es una arma defensiva que siempre tiene a mano, quizá sea la respuesta a una falsa avaricia con que se le trata.

El sueldo para vivir no es igual que la pensión para estar y mantenerse en la vida.

Y como poco a poco se le va apartando, si no arrinconando, se le escucha poco y mal (las manías pesadas del abuelo), se le soporta con impaciencia (o no se le aguanta), o se le juzga con menosprecio (se le desprecia o se le devalúa su auténtico valor), se coexiste con él más que convivencia con él (no cuenta su opinión en las cuestiones importantes, porque se ha quedado ya anticuado), porque se tiene con él demasiado poca ternura  o se le insinúa un rechazo.

Por todo eso, y más, su temor al futuro (el viejo siempre ve por delante un futuro) si no cuenta con medios para mantener la propia independencia y su alejamiento si puede costeárselo.
De ahí el temor también de cuantos le rodean, por la forma en que lo rodean.
De ahí ese gesto de autodefensa que supone para él el tener a buen recaudo “su” dinero, por si acaso.

El viejo, en una institución, voluntariamente elegida, donde se considere o se sienta protegido, será charlatán, será sociable, no será malgastador, pero tampoco rácano.
Dosificará sus gastos pero no se privará de lo conveniente en cuanto considere que están garantizadas las necesidades vitales, tanto físicas (será adecuadamente atendido) como psicológicas y espirituales (será escuchado y comprendido dedicándole tiempo  a la conversación relajada y sin prisas).

El abuelo, en estas condiciones, es un encanto de viejo.    

Es la mezquindad de la sociedad la que lo ha hecho parecer un ser mezquino.
Pero no es, si no, una respuesta defensiva a una respuesta agresiva.
Porque es difícil ser mezquino en una sociedad no mezquina, en una sociedad simplemente humana, caritativa.

La sociedad no cae en la cuenta de que amar a los viejos es una forma de ir labrándose su propia personalidad.

domingo, 18 de febrero de 2018

36.- ¿MIEDO A LA VEJEZ?. LA TACAÑERÍA DEL ABUELO.


 ¿TACAÑO, AVARO,... EL VIEJO?

Es ya un lugar común hablar o recordar lo rácano, lo tacaño, lo agarrado que es o era el abuelo.
Pero lo que nunca olvidará el abuelo es el regalo a los nietos y las muchas visitas al kiosko y a las tiendas de chucherías, de comer o de jugar, en las tiendas al uso.

Pero… ¿se habrá hecho avaricioso por haber sido o haberse sentido marginado o por pensar que pudiera serlo, al ver o recordar casos de los viejos cuando él no lo era?

Suponiendo que lo fuera o que lo es, ¿sería por la posible inseguridad, por la posible intemperie, que le esperaba si no tuviera esos ahorrillos ni ganas de molestar a los hijos el día de mañana?

El viejo (y es normal) teme la posible escasez futura, la posible necesidad del mañana, al no poder ya hacerse con las cosas como antes.
Teme la posible soledad futura por la pobreza real simultánea.
Es su invalidez.
Porque “soledad” y “pobreza” (“pobreza” y “soledad”) vienen siempre de la mano.

No es, pues, que el anciano se despegue de sus antiguas aficiones y costumbres, es que va despegándose de ellas, bien por la merma de sus facultades, bien porque los otros temen que le pase algo malo si continúa con ellas.

Y es que el viejo (al revés de lo que le ocurre al joven y al adulto) teme que lo que pierda, a su edad, es ya irrecuperable, que recobrar lo perdido lo ve muy difícil, de ahí su interés en no perderlo para no tener que intentar recuperarlo.

Perder algunos de sus poderes, perder algo de poder es, para él, como la presencia de un fragmento de muerte, un impuesto que le cobra la mortecina vida antes de morirse del todo.

Esa pérdida de poder ante las necesidades ya no es algo pasajera, sino definitiva (y él lo sabe).
De ahí la tendencia al almacenamiento, al atesoramiento, para que el día de mañana no le falte.
Desde recoger del suelo una cuerda o un alambre, una tabla, un palo,…

¿”Quién sabe si me servirá mañana para algo?”
Y tener, así, cada vez más, el cuarto trastero o una pieza de la casa llena de trastos.
Pero sobre todo tener ahorrado dinero: intermediario para todo y para todos, pero sobre todo para él, entre la posible necesidad y las cosas que la satisfagan.

Vivir pobremente y morir rico, con mucho dinero en la cartilla, es una cosa no rara.

Desde el seguro de accidentes al seguro de vida, es capaz de cancelarlos, para así poder tener ahorrado algo más, porque no es que tema tenerlos, los accidentes, (que también) sino que por qué me va a ocurrir a mí, con lo diligente y cuidadoso que soy.

El dinero en la cartilla no es signo de avaricia, es un poder que tiene ahí, grapado, clavado, pero a su disposición, para poder adquirir cosas el día de mañana, por si le hicieran falta.

Para el viejo, aunque tenga cien años, siempre existe el día de mañana, en cuanto se le pase esta pulmonía que lo mantiene en la cama o este simple catarro que le impide una respiración normal, con esa musiquilla pulmonar.

viernes, 16 de febrero de 2018

35.- ¿MIEDO A LA VEJEZ?. LA COMIDA ( y 2)



Interpenetración de lo genético y lo cultural, los genes y la comida facilitaron la encefalización.

Y habría que distinguir entre comer y cocinar.
Mientras comer es devorar el paisaje, apoderarse de él, hacerlo suyo, el cocinar va un poco más allá, es algo más y mejor.
El tragón no es el sibarita como el catador no es el borracho.

Yendo aún más allá.

Cocinar y gobernar tienen un mismo origen: convertir en aceptable la comida y el funcionamiento de la sociedad.
Uno manipula los alimentos, el político manipula a las personas.
A fin de cuentas para lo mismo, ambos son poderes, poder sobre lo otro y poder sobre los otros.

Si cocinar es dominar el medio natural, manipularlo y hacerlo más digerible al tiempo que más atractivo y sabroso, aunque luego sobre comida, gobernar es dominar el medio humano, manipularlo, hacerse atractivo a los votantes para conseguir poder, aunque luego no se use todo el poder de que dispone, porque no hace falta, pero podría hacerlo.

El político tiene poder.

La pregunta sería si es la preocupación por los otros o es el poder personal lo que prima en el político.

Si Descartes había dicho “cogito, ergo sum”, ahora habría que decir “edo, ergo sum”, “como luego existo”.

Poder comer y poder descomer es sentirse poderoso.

Poder comer es también poder no comer. Muchas veces la estética se una a la dietética y prefieren la belleza a la comida.
El placer del “tipo” prima sobre el placer de “comer”, (todos sabemos de la anorexia,….).

Nos gusta comer, a todos, mucho y bien PERO….ahora llega la parte racional del comer, ¿y el colesterol, el azúcar, los triglicéridos,…?.

Lo que nos gustaría hacer no coincide con lo que debemos hacer, y esto va a primar.
Adiós a la panceta, a los torreznos y a la manteca colorá; adiós a los pasteles, tartas….
Y lo hacemos.

Pero no es que perdamos poder.
Hemos metabolizado el poder.
Podemos hacerlo, aunque no nos guste.
El hacerlo es un medio.
El poder excluir ciertos alimentos, el poder prescindir de ellos, es también un poder.

La vida y el poder concentrados en la cabeza, en la boca y en el culo.

Pero en la mesa, al viejo le gusta hablar poco.
Hablar es como una dispersión del comer, mientras que la prisa es una manifestación de poder.

Entre poder hablar y comer despacio o poder no hablar y comer de prisa, el viejo elige lo segundo, como si se le pudiera acabar el tiempo.

Comer para reanudar la vida laboral es muy distinto a comer para simplemente seguir vivo.

Cuando el viejo, pues, salga de viaje, lo que no se le pueden olvidar son las pastilla para el estómago y las pastilla para ir al water.
El equivalente al neceser de una joven (barra de labios, pinzas de depilar, espejito de aumento, coloretes, majujes varios y variados…) son los laxantes del viejo.

Ambos quieren estar bien, aunque cada uno lo entienda de manera distinta ese “estar bien”.

Además (a recordar), el papel del water es igual o más necesario que la esponja de la ducha.

35.- ¿MIEDO A LA VEJEZ? LA COMIDA




(LA BUENA DIGESTIÓN).

Es de sobra conocida la afición del viejo por las pastillas que tengan que ver con el estómago y con el intestino, las pastillas del asiento, en la mesa o en el water, entrar y salir, meter y sacar (en dos palabras, y perdón, comer y cagar).

Si lo pensamos detenidamente (y ya lo decía Freud) además del placer oral o bucal que experimenta el niño al mamar, comer, morder, chupar….también está el otro placer, el placer anal, el placer de expulsar.
El niño se siente feliz cuando hace ambas cosas.
Pero el niño, poco a poco, va a descubrir un nuevo placer, el placer de dominar, dominar el pipí y dominar la caca, el placer de retenerlos y, por supuesto, el placer de expulsarlos.

Comer, digerir, expulsar, son poderes, son vida, son dominio.

Poder comerlo todo (nada le cae mal), tener un buen funcionamiento del estómago (nada de úlceras ni acideces ni digestiones pesadas) y tener una buena y abundante descarga en el Señor Roca, es una buena base para sentirse satisfechos, porque representa la manifestación de un poder, de un dominio, sobre lo que le rodea.

Si nos fijamos bien, así como el sexo consiste en meter semen, una buena unión en el interior con el óvulo, y, al final del proceso, sale el niño, igualmente la alimentación consiste en meter comida, una buena digestión interior y, al final, la expulsión de la caca.

Ambos son dos métodos o técnicas de poder, de poder fabricar vida ajena, poder de conservar vida propia.

Y así como poco a poco se disuelve el poder del sexo, se mantiene o se incrementa el poder de la alimentación.

Si el sexo generador pasa al escalón intermedio (su hijo engendrará hijos), la comida conservadora se mantiene en el mismo escalón.

La alimentación representa el mito de la vida y es una expresión de poder.

Sí el rayo láser es una concentración de la luz, el fenómeno de la “laserización” (no es un palabro) se da en la existencia del viejo.

En la vejez cada vez se desean, se aman y se pueden menos cosas pero… los deseos, los amores y los poderes, los tres se encuentran en el viejo más intensamente, más concentradamente.

Yo recuerdo, cuando el Bachillerato era Bachillerato, que junto a la teoría evolucionista de Darwin para explicar el cambio y el salto en las especies, enseñábamos la teoría de un español, D. Faustino Cordón, que decía que la alimentación (y no sólo la lucha de las especies y la supervivencia del más fuerte)  fue una de las causas de la evolución de las especies.
Ni herbívoro, ni carnívoro, sino “omnívoro”.

miércoles, 14 de febrero de 2018

34.- ¿MIEDO A LA VEJEZ? LA VESTIMENTA DEL VIEJO y 3)



El viejo, normalmente, ya no necesita enviar mensajes de atracción social o sentimental. ¡Claro que, si lo necesita o lo considera conveniente, cumple con lo establecido, (y aquí estoy yo, vestido formalmente, para demostrarlo)¡
Pero si no lo requiere el sexo ni el status, no es que vaya a ir desnudo (eso jamás) pero sí bastante pasota con la ropa que ponerse.

La exterioridad no le preocupa. La convención tampoco, va feliz como va, a su aire.
Para lo que él pretende (pasear, por ejemplo, o sentarse en una terraza o en el banco del paseo marítimo) el ir bien vestido no le es de utilidad alguna.
O, como suele decirse, “el viejo, normalmente, es un buque sin bandera porque ya no es un buque de combate”

Pero ¿y si se siente marginado por el desaseo o por el adanismo en el vestuario?
En cuanto fuera consciente de que la marginación era el efecto, automáticamente o buscaría otro colectivo donde, por eso, no lo fuera o cambiaría los hábitos.
Una de las necesidades básicas de la pirámide de Maslow es la aceptación social.

Para que el viejo participe como miembro de un grupo no puede ir desnudo ni mal vestido.
Debe hacerlo correctamente, sin afectación (pareciendo un dandy) pero tampoco descuidadamente.

Como él ya no tiene que demostrar nada, ni en lo sentimental ni en lo social, no siente urgencias en el vestuario, porque ya no siente afán de conseguir nada nuevo.

¿Para qué necesita él un vehículo si ya no quiere viajar?

Pero vestir de manera pulcra es también una manera de enviar el mensaje de que no quiere desentonar, que quiere ser admitido y participar. Es una manera de respetar a los otros, cumpliendo las reglas de lo correcto.

¿Me pregunto qué pensaría de esto D. Antonio Machado, al que, ya en Baeza, lo llamaban D. Antonio Manchado, por lo descuidado en el vestir?

Aunque también (y no necesariamente en el viejo), el mal vestir puede equivaler a buscar la marginación.
No es lo normal. Pero la sociedad le dará de lado, por lo molesto que resulta, como resulta molesto que invites a alguien a tu casa y acuda sucio y mal vestido.

En sociedad, ir bien vestidos, correctamente vestidos, es la primera manera de decirles a los demás que sientes respeto por ellos.

Si el mal vestir es un insulto, el bien vestir es un saludo.

El vestido, pues, es también un lenguaje.

Ya sabemos que una casa vieja es una casa vieja, pero ésta puede ser restaurada, y entonces gusta, se hace atractiva, acogedora, o, por el contrario, podemos dejarla que se arruine poco a poco y se venga abajo cada vez un poco más.

O sea, que bien mirado, no es que el viejo necesite ir bien vestido de cara a sus necesidades, porque es tan inteligente que las ha reducido, así no tendrá que satisfacerlas, sino que son los demás quienes precisan que el viejo vista bien para atender y complacer las suyas.

martes, 13 de febrero de 2018

34.- ¿MIEDO A LA VEJEZ?. LA VESTIMENTA DEL VIEJO (2)


(VESTUARIO).

Es verdad que el viejo muestra una cierta apatía hacia el vestuario.
¿Por qué no ponerse hoy lo mismo que ayer y mañana lo mismo que hoy?
¿Lo que valió ayer ya no vale hoy?

El viejo no es que le tenga manía a la ropa, es que es un despegado respecto a ella.

Todos sabemos que el vestido es un de las necesidades básicas (con el comer, el beber, el respirar y el dormir).
Hay que resguardarse del frío.
Esa fue la primera causa del vestido. Y la 2ª causa fue tapar o esconder los órganos sexuales para no excitar al otro dentro de la sociedad en que se vive.
Sólo así se integra uno en las costumbres de un grupo humano.

Pero es que el vestido es, en tercer lugar, un lenguaje de comunicación muy activo y directo.

No es cierto cuando una mujer dice “me visto para mí”.
Una se viste para los otros.
En casa, a solas, a las 12 de la noche, tú no te pintas ni te vistes como si fueras a salir.
El vestido atrae o repele a quienes te rodean y, si estás sola, no es necesario.
El vestido suscita emociones de atracción o de huida en el otro.

Vestirse es definirse.
Uno puede vestirse para llamar la atención, ser foco de miradas, ser envidiado, sobresalir, no pasar inadvertido….o, por el contrario, vestirse para pasar inadvertido y que nadie se fije en ti.

Dos mujeres (sobre todo mujeres) en el mismo acto social, con el mismo vestido es, más que problema, es un martirio, un “trágame, tierra”.
De ahí que entre amigas y conocidas previamente se pregunten cómo van ir vestidas.

Un joven, perteneciente a una tribu urbana cualquiera, se viste así como para protestar de tener que vivir en este mundo con todos los demás.

El uniforme es una manera de, por una parte, no tener que pensar qué ponerse, por otra parte, ser distinto automáticamente, como uno más del colectivo X.
Hay muchas personas que lo prefieren, como hay muchas personas que lo odian.
Son personas distintas, aunque igual de  respetables.

Pero es curioso que el vestido y la palabra suelan ir de la mano.
Dos personas desnudas se hablan poco.
Las palabras sobran si son amantes y, si no lo son, la escena misma es estrambótica y no salen las palabras.
¿Qué decir cuando mirar y ver te ahogan y te hacen un nudo en la garganta?

El problema del viejo y su ropa.

No hablo del desaseo, del desaliño, del sudor, de la halitosis. Todo eso es guarrería.
Me refiero a la elegancia o no elegancia.
No de ir vestido sino de ir bien o mal vestido y, sobre todo, de saber vestirse bien.


lunes, 12 de febrero de 2018

34.- ¿MIEDO A LA VEJEZ?. LA VESTIMENTA DEL VIEJO. (1)


¿QUÉ ME PONGO HOY?

LA DUDA METAFÍSICA DE CADA DÍA.

Voy al gimnasio cada mañana y me encuentro con los bomberos, que salen a desayunar, todos igualmente vestidos, con su uniforme.
Salgo a la calle y tanto los empleados de la limpieza como los policías, voy al Centro de Salud y médicos, enfermeras, auxiliares, entro en el hospital y los cirujanos, las empleadas de limpieza, los conserjes, en los supermercados… todos, todos, sin tener qué pensar, cada mañana, qué ropa ponerse. Todos con su uniforme.
Además, uniformes no pagados por ellos, sino por el Organismo o la Empresa correspondiente.

Pero un jubilado, cada mañana, abre el armario y…”la duda metafísica”: ¿qué me pongo?
Se decide al fin, por un pantalón y, “la duda metafísica” ¿con qué camisa combina?
Y cuando se decide por la camisa,… ¿y, ahora, qué jersey? ¿Y los zapatos? ¿Los negros o los de color? ¿Calcetines negros, azules, marrones?

Y cuando, por fin, se decide, quizá llegue la mujer (si, antes, no le ha sacado la ropa que ponerse) y…”lo azul con lo verde, muerde”…..Claro que todo lo que vaya con “verde” rima con  “muerde”.

Un tormento para el viejo, no acostumbrado socialmente a esos menesteres.
Ahí sí que no puede competir con su mujer (y ni se le ocurra)

Aunque (y lo reconozco) hay viejos que van como un San Luis, con su traje con chaleco incluido, de color oscuro, su corbata, sus brillantes zapatos y, generalmente, con bigotillo.

Y PREGUNTO:

¿Por qué el gobierno no les/no nos pone un uniforme a los jubilados?
Así, cuando uno (yo mismo) vaya por la calle, que la gente diga “ahí va un jubilado”.
Aunque unos dirán” “un cabrón de jubilado”, otros: “un bendito jubilado”, otros: “¡qué envidia de jubilado!”, otros: “¿llegaré yo, algún día, a estar jubilado?”, “¿Habrá pensión de jubilación cuando yo llegue?”....

Y me surge otra duda: “el color del uniforme”. ¿Rojo?: “ahí va un drácula, un culpable de la crisis o un comunista”, ¿Verde? : “se está riendo de mí, porque sabe que cuando yo llegue ya no hay dinero para pensiones”. ¿Amarillo?: No, que, desde Moliere, trae mala suerte, y puede ser que me muera antes. ¿Negro? NO. ¿Morado?:….

¿DE QUÉ COLOR?

Y continúa la duda metafísica para el viejo.

Descartes, a su lado, era un aprendiz de la duda.

domingo, 11 de febrero de 2018

33.- ¿MIEDO A LA VEJEZ?. LA SABIDURÍA DEL VIEJO (y 2)



Entre inteligencia y razón, el viejo es tan inteligente que se queda con la inteligencia.
Porque, mientras el objeto de la Razón es la verdad, el objeto de la inteligencia es la Felicidad.

No pretendemos, en primer lugar saber; lo que sobre todo pretendemos es ser felices, salir del atolladero, salir bien parados de la molesta situación, sortear el obstáculo sin necesidad de moverlo, lo que ocurre es que creemos que la verdad nos ayudará a la conquista de la felicidad, sólo por eso queremos saber, pero no siempre es eso verdad.

El viejo podrá ser analfabeto, pero es muy inteligente.
La vida le ha proporcionado mucha sabiduría, aunque esté falto de conocimientos científicos porque, lo más seguro, es que no pudo ir a la escuela, de niño, porque tuvo que ponerse a trabajar.

Si intentamos saber, no es para conocer más, sino para comportarnos mejor y salir bien librados de la embarazosa situación en que estábamos inmersos.

La razón es muy estrecha, la inteligencia es muy ancha. La razón suele tener un camino, la inteligencia varios.

El método para conocer debe ceder los trastos del vivir al saber cómo comportarse.

La forma de vivir bien y mejor debe primar sobre la manera de conocer más y mejor.
La verdad al servicio de la vida.
En otros tiempos se decía “filosofar para vivir, no vivir para filosofar”.

No se trata de excluir, sino de priorizar.

No hace falta ser científico para interpretar sabiamente el medio en que se vive y dar la respuesta adecuada a las exigencias de ese medio.
Incluso a veces la ciencia se convierte en un obstáculo para la sabiduría.

El científico toma el medio como objeto de conocimiento y, a fin de dominarlo, es capaz de agredirlo.
El sabio quiere ser un todo con el medio, comprenderlo, interpretarlo, para fundirse con él.

Las ciencias explicativas no son las ciencias comprensivas.
Las ciencias naturales no son las ciencias humanas y sociales.
Comprender es una meta, explicar es sólo un medio.

La inteligencia y la sabiduría no ejercitan el deseo de propiedad, como la razón y la ciencia.

Para comprender al viejo, la razón es un estorbo, porque se intenta conocerlo para dominarlo, para guiarlo, para llevarlo donde la administración científica cree que debe ir; es una intromisión en su libertad.

Es lo que le ocurre a la sociedad actual, que quiere comprender al viejo razonando sobre la vejez, cuando lo que el viejo necesita es aproximación humana, vivencia compartida, no razonamiento frío, que dé vueltas alrededor del viejo, raspando sólo la epidermis, sin llegar al corazón.

Dicen que la razón, el cálculo, la búsqueda de ventajas, el interés, fue lo que apartó a Adán y a Eva del paraíso.
Calcularon la manera de conseguirlo por el atajo rápido.

Al revés que la inteligencia, que puede convertir este mundo en paraíso.

Si la razón nos echó, no expulsó de él, sólo la inteligencia nos puede hacer volver a él.

El científico necesita ser matemático, porque éste es el lenguaje que habla la naturaleza.
Yo lo dijeron los clásicos: “La naturaleza está escrita en lenguaje matemático, así que el que no sepa matemáticas no se va a enterar de nada”.

El sabio nunca hará una guerra, porque ama la paz y quiere vivir en paz.
El científico, así como el político y el empresario, con su esquema matemático incrustado en su mente, calcularán los beneficios de la guerra, por si fuera necesario o conveniente hacerla.

Criminalidad y heroicidad. ¡Cuántas veces han ido de la mano a lo largo de la historia¡
Eso nunca lo haría un sabio.

La mejor manera de acabar con la presencia agresiva del otro no es matarlo sino darle la mano e integrarlo en el mundo, haciendo de él algo mío, sintiendo lo mío como suyo, haciendo surgir el “nosotros”.

¡Cuánto tendríamos que aprender de la historia del pueblo andaluz, como pueblo inteligente, que, cuando llegaba un pueblo invasor, lo recibían invitándole a quedarse y así “andaluciarlo” (¡qué palabro acabo de usar, es sólo un pecado lingüístico, no moral)

La inteligencia elimina distancias, sin eliminar a personas.

El otro siempre tiene también sus razones para vivir.
La convivencia multiplica las vivencias.

El sabio siempre es inteligente, el torpe puede ser un buen científico.

Mientras el joven está enamorado de la razón, más acorde con su fuerza, el viejo está casado con la inteligencia.

Uno quiere conocer para dominar, el otro quiere saber para vivir mejor.
La superioridad es meridiana y manifiesta.


sábado, 10 de febrero de 2018

33.- ¿MIEDO A LA VEJEZ? LA SABIDURÍA DEL VIEJO (1)



Pero en una entrevista, es el entrevistado el que debe hablar, no el entrevistador, pecado muy corriente que comete quien se acerca al viejo, y sobre todo si el entrevistador lleva cargada la escopeta de la contradicción y del contraejemplo a todo lo que el viejo manifiesta.

Sus recuerdos los presenta él como a él le gusta recordarlos que, seguramente, no son totalmente fieles a los hechos sucedidos, pero en el conocimiento cada uno pone sus filtros que, naturalmente, siempre son interesados.
Es “su” historia. “La” historia no existe. Cada historiador tiene la suya. (Ahí tenemos un claro ejemplo: “nuestra incivil guerra civil”

El viejo colorea su pasado, que sólo le ha pasado a él, siendo él el protagonista. Siempre será un relato edulcorado, no una descripción fiel. Para eso es “su” pasado y, al hacerlo, no la “deforma”, la “reforma”, lo que todos, cada día hacemos, al pasar un hecho por el filtro de quien lo cuenta.
Como muchas veces he dicho e incidido, “no existen hechos, sino interpretaciones”, por el simple hecho de verlo y narrarlo ya estamos “reformándolo”.
El conocimiento no es una máquina fotográfica de “n” píxeles.

El drama, para el viejo, es cuando se le cambia el escenario y se le traslada a otro lugar, con otras gentes.
Es la soledad en medio de tanta gente alrededor.
Incrementa su melancolía al no tener a mano con quien compartir recuerdos.

Por eso, también, al viejo le gusta viajar pero, en general, sólo si va rodeado de viejos de su entorno.
Él, más que conocer cosas nuevas (que también), lo que más le gusta es el entorno humano que va con él en el viaje y que comparten amistad e intereses.
Puede, un día de lluvia, estar jugando a las cartas, a 1000 kilómetros de su casa, pero está con sus amigos.
Y es que, en los viajes, se vive durante más tiempo en su compañía.
Y esto es lo gratificante.

Llévate, en general, a una persona mayor, aislada, a contemplar una ermita románica del Camino de Santiago y no sentirá la misma alegría que siente yendo a Fuengirola con vecinos y amigos.

Yo he estado en Astorga, ante la Catedral, con algunos viejos de mi pueblo, explicándoles las estatuas pornográficas de las cornisas y algunos lo único que querían era ir a ver el cuartel donde habían hecho la mili.

El viaje, para el viejo, va cargado de personas más que de ansias de conocimientos.
La historia o el paisaje son coartadas que la amistad emplea.
Son, como diría un filósofo, “la astucia de la amistad” que se vale de ellos para ella afirmarse e incrementarse.

Si quieren ir cada vez a más sitios, es para ir, cada vez, con la misma gente o más gente parecida.

Esta sociedad en que vivimos se parece más a un ring que a un jardín.
Y los mayores no queremos, ya, subir al ring para competir y ganar, sino, paseando por el jardín, disfrutar.

Si al joven le interesa ganar, al viejo no.
Si el joven pelea por ser el líder, el viejo quiere a su alrededor a otros como él.
El joven está más cerca del caudillismo, el viejo, en ese sentido, es más democrático.
Si el joven hace alarde de esfuerzo físico, para vencer, el viejo, sin hacer alardes, desarrolla esfuerzos éticos para vivir amistosamente.
El joven es más depredador de lo social; el viejo desea conservarlo.

No me imagino a un viejo (a no ser que las neuronas las tenga alborotadas) que haga pintadas grafiteras en las paredes de una catedral, que ensucie cualquier superficie limpia, que arranque un árbol adolescente, que saque de cuajo un banco del parque, que rompa el cristal de una puerta sin motivo alguno para ello, sólo por tener la sensación de ser autor.

¡Cuántas veces le habré yo preguntado a mis alumnos si hacían eso en su casa, en su mesa de estudio, como lo estaban haciendo en su pupitre de clase; o si en su casa tiraban los papeles al suelo, como lo hacían en clase…y me respondían que, “por supuesto que no”.
Como si ellos no formasen parte de ese “común” llamado propiedad colectiva.

“Esta mesa es de todos o de cualquiera, aquella, la de mi casa, es la mía”. Como si él no fuera uno de ese “todos” y, en este momento, no fuera ese cualquiera que estaba usando la mesa….

En vez de Victoria, Paz. En vez de entrar a degüello en el entorno, Armonía con él.  En vez de avasallamiento, Convivencia amable. En vez de vida calculada, Vida Cordial. Más Amor que Conocimiento.

El viejo, ante el otro, suele ser un desconfiado, desconfía, sobre todo del lenguaje, porque teme ser liado y engañado por quien lo usa; él, por lo general, sólo admite hechos.

Al viejo no hay que decirle que se le ama, hay que amarlo. Estar a su lado, incluso leyendo el periódico es, para él, mucho más que todos los piropos que le echen mientras pasan delante sin pararse.
Porque para él las palabras son mercancía sospechosa mientras los hechos positivos son los que le dan vida.

Una conversación relajada, pero sobre todo sin prisas, con atenciones concretas, en compañía auténtica, aunque sea en silencio. Lo positivo es la presencia personal, el hecho de estar presente con él.

Él, ahora más que nunca, sigue siendo pragmático. Amigo de presencias positivas.

El que ya no le guste cazar no quiere decir que no le guste la perdiz escabechada.
El viejo sigue necesitando beber agua, pero la pasará por el filtro de sus muchos años.
El amor sigue siendo amor pero se amará ya cosas distintas y con distintos ritmos.
El sexo seguirá siendo sexo pero cambiará el objeto sexual.

El cambio de destino no es renuncia ni rechazo a viajar. Puede que no le guste el camping, pero sigue amando el campo, aunque ya de otra manera.

jueves, 8 de febrero de 2018

32.- ¿MIEDO A LA VEJEZ? (y 2) ¡CÓMO SER MAYOR SIN HACERSE VIEJO




¡El arte de envejecer¡

Cuando el envejecer no sólo es algo natural, sino, sobre todo, es algo personal.
¿Todos, envejecer, igual?

En primer lugar que “viejo” es un concepto universal y abstracto. Nadie verá nunca al “viejo” por la calle. Porque lo que realmente existe son “viejos concretos”, cada uno de su padre y de su madre.
Lo auténticamente real es la singularidad, la originalidad y no el calco y la fotocopia, todos iguales.

En segundo lugar, porque más que “arte de envejecer” lo que el viejo quiere es el arte de mantenerse, de vivir plenamente, gratamente, lo mucho o poco que le quede de vida.

D. Enrique Miret Magdalena tiene un libro (que encarecidamente les recomiendo) “Cómo ser mayor sin hacerse viejo”.

El viejo no piensa en el desalojo de la vida sino en el feliz alojamiento mientras está vivo.

Cuando lees una estadística que dice que la vida media del español está en los 77 ó 79 años, el que tenga 85 oye como si le estuvieran diciendo: “ya estás rompiendo la estadística”, “cierra la página y el libro”, cuando él, en lo que está pensando, es en escribir o emborronar la siguiente hoja.

Ni caso, No le hagáis ni caso, amigos. Quieren crearte mala conciencia.

No existe el modelo ideal. Platón ha muerto. Tú eres, para ti, el modelo ideal de vida.

(Historia del abuelo: “con dieta = 4 meses” y “con garbanzos con callos = 2 meses”. ¿Elegir? -se pregunta Álvarez Solís en su libro (páginas 109 – 111).

A veces la libertad consiste sólo en eso, en comerse un plato de callos, a pesar de los médicos.

¡La manera cínica de engañar¡

Leo en “Torremolinos Información” que somos la 3ª juventud más que la 3ª edad, por lo tanto ¿Por qué no elegir una “miss” y un “mister” 3ª juventud?

Y ¿cuál es la 4ª, y la 5ª…? ¿Cuál es la “última juventud” si son términos contradictorios?

¡Como si bastase con cambiar los nombres para que cambie la realidad¡

¡Hipócritas o ignorantes o cínicos o las tres cosas a la vez¡

Se nos tacha a los viejos de tímidos, de reaccionarios, de poco valientes, de demasiado precavidos, de miedosos…

El viejo se retiene ante lo nuevo. Le cuesta abrirse a lo desconocido. Sobre todo a los desconocidos.

Al viejo se le acusa de alejamiento, incluso rechazo ante personas desconocidas.
Que le cuesta mucho hacer AMISTADES nuevas.
Y eso se califica de “postura empobrecedora” aunque yo lo llamaría “cautela” o “precaución”.

No es que no quiera ganar, es que a lo que no está dispuesto es a poder perder.

Por su parte tampoco la sociedad está muy por la labor de integrarlo en el sistema.
De entretenerlo, de tenerlo ocupado sí, pero de desarrollar una función social, con responsabilidad…, eso ya no.

Tanto para el adolescente como para el joven el viejo no representa utilidad social alguna, es una mera y simple exterioridad, que está ahí, una carga gravosa, una presencia molesta y, además,  estropeando el paisaje con su ruina física creciente y manifiesta.

El viejo es la cara del pasado, mientras que ellos representan el futuro.

Lo que “ya no es” no puede ni compararse con lo que “todavía no es”, pero que será, que llegará y allí estarán ellos para recogerlo y “ser”.

El espejo real de la memoria no puede compararse con el espejo imaginario del porvenir.

Si el viejo puede ser admirado por una vida intachable de integridad moral, al pragmatismo de la sociedad actual esa cara no le interesa.
El viejo, como ya hemos indicado en otro lugar, no es útil materialmente.

La “utilidad económica”, no la “utilidad social y moral”. Al empresario economicista no le interesa mucho, más bien le molesta, además de ser un consumidor poco gastoso y de presupuesto municipal y nacional  pero no productor ni productivo de riqueza inmediata.
Sus posibles beneficios humanos y éticos no cotizan en bolsa.

Quizá por eso, por ser el viejo sobre todo memoria, haga fácilmente amistades con otros iguales que él.
Memoria llama y ama a memoria.
Simpatizan más dos viejos desconocidos de parecida edad que un viejo con un joven siendo coetáneos.
¿Cómo compartir con éstos emociones, vivencias, recuerdos, ilusiones, talantes, aventuras, peripecias…?

El viejo no se reconoce en la juventud.
La juventud no quiere verse, ni siquiera mirarse, en el espejo del viejo.
Teme y no quiere mirarse en él, no siendo que se vea como puede llegar a ser, como un anticipo de lo que será.

La mejor manera de no ver es no mirar.

El desencuentro está servido.

La amistad entre los viejos es una amistad alegre, no interesada, porque se comparten vivencias pasadas parecidas.

Para los viejos ya no hay enemigos antiguos, incluso los entonces competidores se convierten en compañeros.
El quizá enemigo de ayer es un amigo del hoy porque la pugna ya es sólo en el ring de los recuerdos, no en la palestra de la vida.
La posible herida de ayer ya ha cicatrizado y se conserva sólo su recuerdo.
Y una herida recordada molesta pero no sangra.

Lo que al viejo si le molesta, y mucho, es esa amistad que quiere meter mano en su memoria y remover los posos que él ya tenía asentados.
Esa agitación de los fondos le supondría incomodidad.
Teme a los desconocidos y sólo cuando los conoce seguirá o los dejará.

Si alguien quiere gozar de la amistad de un viejo no tiene más que escucharle, escucharle intensamente, mirarle a los ojos, mostrar interés por sus historias, preguntarle con educación, con ánimo de querer saber; y será un libro abierto, porque él está deseando expresarse.
Te contará toda su vida mientras le bailan los ojos y con la sonrisa en los labios.

Su mundo era excepcional, heroico,  y él era el héroe.

Ningún viejo tiene seco el pozo de sus recuerdos.

Pero no intentes meterte en su pozo y poner un grifo para que el agua salga a tu voluntad, a tu antojo; pero puedes pedirle todo el agua que quieras, que él te la va a servir pero, eso sí, filtrada.

De “la verdad”, “su verdad”, por aquello de que la verdad es perspectiva y su perspectiva vital poco tiene que ver con tu perspectiva imaginada.

Acércate a su pozo, pero a pedir agua, no a tirar piedras, herirías su persona.

Por eso el viejo rechaza toda amistad que pueda ser perturbadora y, de entrada, todo lo desconocido lo es.
El que alguien, no él, pueda remover, sin su permiso, los recuerdos asentados, ya sedimentados, es hacer sangre en el alma.

Dialogar con un viejo es más dialogar con la historia que con la actualidad o con el futuro.

“En mis tiempos esto no ocurría….”, o “si Franco levantara la cabeza….” o “Viva la República” o “Viva Franco”.

miércoles, 7 de febrero de 2018

32.- ¿MIEDO A LA VEJEZ?. AMANTES (1)



La muerte de la amada, a cualquier edad, repercute en el trabajo, en las relaciones humanas, en el carácter, en las ideas,… pero repercute más en el varón que en la mujer.

Suele decirse que “hay muchos hombres en un hombre”, pero “sólo hay una mujer en cada mujer”.
De ahí que ella aguante más y mejor la pérdida del amado, sin resentirse tanto el todo que ella es.

¿Por qué a Los Amantes de Teruel, a Romeo y Julieta, a Abelardo y Eloísa, a Calixto y Melibea,… se les levantan monumentos?
Sencillamente porque “son jóvenes” y no es “normal” que unos jóvenes mueran de amor y por amor.
Si tuvieran que levantar monumentos a todos los viejos-ancianos que han muerto de amor al morir su compañera…Porque esto sí que es normal.

La vida ha perdido, para él, el sentido, porque el sentido de su vida era ella y se lo daba ella.
¡Me voy con ella¡
¡Morir de amor¡

(Y me viene a la memoria al filósofo recién fallecido, Gustavo Bueno, a los pocos días de morir su mujer)

Habitual, normal, en los viejos.
Inusual, excepcional, en los jóvenes, sin embargo….

Si se levantaran monumentos a los viejos amantes, además de que habría muchísimos, causarían, más que admiración, cachondeo, risitas por lo bajo,…

¿La tumba de dos abuelos, con sendas estatuas yacentes, además, agarradas de la mano, como los Amantes de Teruel?
Sería una impostura.

¡Qué sociedad más hipócrita y más sádica la nuestra¡

Pero, si en el AMOR no, en la POLÍTICA sí.
Porque un viejo siempre es un voto. Y un voto es igual a otro voto. Por eso en los países democráticos se los mima más que en los países no democráticos.

“Puedo prometer y prometo…” (Y, luego, un 025% de subida de la pensión)

¡Qué fácil cuando la promesa es una palabra que empieza por “p” y no una acción que empiece por “r” de “realizar” la promesa¡

Pero el político, reflejo de la sociedad, tiene en su mente un esquema ideal de lo que debe ser la vejez, por lo tanto el viejo tiene que encajar en ese esquema.

El viejo no puede desmadrarse, ni desmarcarse.
Un viejo que vaya por libre siempre es una molestia, una mosca cojonera, que le canta las verdades al lucero del alba.
Al viejo hay que tenerlo contento, satisfecho, distraído, ocupado.
Que no piense mucho. Que cumpla. Por eso las autoridades intentarán que el viejo se adapte.

Copio el pensamiento de un viejo, (Álvarez Solís): “Para que el viejo se adapte bien al mundo presente hay que ser, de alguna forma “fascista en lo moral, autoritario en lo político, piramidal en lo económico, conductista en el comportamiento”.

¡Vaya programa de adaptación¡

Y -añado yo- todo eso pero “con vaselina”.

-        Porque debéis ser ejemplo para los niños y faro para los jóvenes.
-        Porque nos interesáis, mucho, como colectivo social fundamental.
-        Porque tu pensión, domiciliada en mi banco, te reportará más ventajas.
-        Porque hay un arte de envejecer y, por tu bien, déjate guiar, haz lo que te decimos que hagas… ¡paternalismo¡

El pensamiento único sobrevuela el mundo.
El pensamiento discordante contamina el paisaje, mancha el óleo social.
Recondúcete. Hay que encajar en la norma. No seas la nota discordante que estropea la melodía. No nos estropees las estadísticas. No nos rompas las previsiones.

La singularidad es un pecado social, es romper la disciplina del colectivo.
Un anciano libre, y por libre, es un anarquista (o sea un José Luis Sampedro)

El llamado “arte de envejecer” no es más que querer introducir en la mente del viejo el orden, la disciplina, la matemática racional.
Quizá para que vivas unos cuantos años más, pero no para que los vivas mejor.

Hay que cortarle, al viejo, las alas de la iniciativa personal no siendo que no quiera entrar o quiera salir de la jaula social.

martes, 6 de febrero de 2018

31.- ¿MIEDO A LA VEJEZ? (y B) EL AMOR


El AMOR en la tercera edad.

¿Recuerdan lo del cinturón de castidad medieval? ¿Recuerdan lo del cinturón sanitario o económico?
Pues eso es lo que la sociedad, nuestra sociedad, hace cuando el viejo se enamora y quiere, le apetece, tener amores carnales, encuentros sexuales (y digo “sexuales”, no necesariamente “genitales”)

Si lo hace el joven, buscar amores, se ve normal y si eso mismo lo hace la persona madura, también, pero ¿el viejo?
Como se le ocurra al viejo tantear el terreno sexual…
Ya no es que sea  un “viejo verde”, es un “depravado”
.
Cuando uno va por el campo, haciendo senderismo, muchas veces ve esos letreros: “prohibido cazar, coto privado”.
Pues yo no sé por qué, ni quién, en el campo erótico, ha colocado el cartel: “prohibido a los viejos”.
Pero es que muchos ni siquiera serán “cazadores”, ni siquiera querrán entrar en ese campo, si, incluso, tendrán otro tipo de hobbies o preferirán otro tipo de aventuras, pero… ¿prohibírselo a ese viejo que desee entrar en ese campo, por el simple hecho de ser viejo?

¡Qué moral más hipócrita¡ ¡Tildar de desequilibrado a ese viejo que quiere aproximarse, de nuevo, a la sexualidad o simplemente tener una aventura sentimental¡

“Al abuelo se le han cruzado los cables y no anda bien de la cabeza” – es la inmediata sentencia que le propinas sus familiares más allegados.

La ignorancia de muchos, el cinismo de los más y la crueldad de todos (empezando por los familiares directos) se ceban con el viejo cuyo pecado es que quiere tener momentos gratificantes porque su biología se lo pide o su fisiología se lo permite y su psicología lo desea  intensamente.

O sea, por obrar “naturalmente”, siguiendo a la “naturaleza”, lo juzgan “antinatural”.

Hablamos de “poder hacerlo”, ni siquiera de “hacerlo”.
Ya la simple y mera posibilidad, la incipiente tentativa, es cortada de raíz y calificada de anormal, de inmoral, contra natura,…porque lo “natural” debe ser, ya, reptar por la mucha o poca existencia que le queda hasta que se vaya para no volver.

“¡Prohibido el paso. Finca particular¡”.

Particular ¿de quien? ¿Quién es el propietario del horizonte erótico y del campo amatorio?
Pero lo placentero ¿no es uno de los componentes de todos los seres vivos?

Se le está diciendo al viejo: “tú ya lo practicaste, ya tuviste hijos y ahora tienes nietos”. Olvídate. ¡Vaya ejemplo¡ Pero ¿mal ejemplo de qué, para quién y por qué?
¿Por querer sentirse vivo placenteramente?

Y el pobre viejo tendrá que hacerlo en la clandestinidad, con nocturnidad, pero sin alevosía, sino con ternura.

Creer y afirmar que amor y  sexo van estrechamente unidos al vigor físico de la juventud es, además de cinismo, ignorancia.
Es tener todavía en la mente el esquema anticuado de que el sexo es un acto de fuerza, de poder, de dominio y no un encuentro amoroso horizontal entre dos personas libres, autónomas, conscientes,…

Más aún. El amor del anciano es un amor sano, un amor puro. No tiene que demostrar nada ante nadie. Sólo muestra su amor. No quiere ganar ni vencer, quiere obrar de manera grata en esta su etapa final.

Más aún. El viejo amante sí que cumple, a la letra, el mandato divino: “hasta que la muerte os separe”, y no los jóvenes, al unirse, que lo que hacen es prometer “ser “fieles” hasta que la vida los separe”, y ésta puede presentarse pasado mañana.

Es un mandato fuera de lugar para el joven, que no ve en su horizonte a la muerte, porque lo que se extiende ante él es un panorama de vida, de futuro, no de final.

Por eso no es tan raro que un viejo muera al poco tiempo de morir su compañera.
La soledad amorosa es una introducción a la tumba, cosa que no ocurre en el joven.

Y es que cuando el viejo ama, ama intensamente, porque pone en el amor la poca vida, pero toda la vida, que le queda.
Como si le faltara tiempo.
Sería el pecado de amor.
“Morir sin haberlo dado todo”, porque todavía le quedaba algo.

Yo (agnóstico) creo que, si existe Dios, y existe la otra vida, y existe ese juicio final, lo que Dios va a mirar y a examinarte es de cómo estás de amor.

Todo el amor que te haya sobrado y no lo hayas dado, será usado contra ti.

El presentarte, ante Dios, con las manos vacías (no con las manos llenas) será lo que haga exclamar a ese Dios: “Venid, benditos de mi padre…”.

Siempre tuve una curiosidad, que la he convertido en pregunta: ¿por qué muchas mujeres, al enviudar, reverdecen, y esto, por lo general, no ocurre en los varones?

Se dice que la mujer es de una pieza, que siempre actúa como un todo, que es un todo sin fisuras.
Que es intelectual, amante, política, crítica, funcionaria, madre, ama de casa, amiga, vecina, cofrade,… pero, en todo, es mujer, la misma mujer.
Mientras que el varón está hecho con piezas que se ensamblan de manera propia.

No existe el varón total, que actúe como un todo.
Habría, pues, un varón en el trabajo, otro varón en la casa, otro en la cama, otro en la política,…y que por eso, cuando le falla y le falta una pieza (la esposa amante) repercute en el todo ensamblado de piezas, que se mueve, que se tambalea, que se desequilibra, que está manco, deformado, que le falta una pieza al ensamblaje que es.

¿Quién sabe si los varones somos así?